Históricamente, el almendro, tan presente en la cultura mediterránea, ha sido un árbol simple y bello. Los primeros fósiles atribuibles a hojas y frutos de almendro datan del mioceno, en la era Terciaria. Los primeros datos de su cultivo parecen proceder de zonas en la actual Siria, y se cree que su nombre procede de la palabra siria “amigdala”, que significa “árbol bonito”. Fueron los fenicios y los romanos los que lo introdujeron en la Península Ibérica. Su incursión en California data del siglo XVI, y en el siglo XIX se introdujo en Australia y en Sudáfrica.